Asuntos productivos

El tejido social es una compleja red de relaciones interdependientes entre distintos actores de los sectores empresarial, gubernamental y civil. Cuando estas relaciones se dan en una lógica de producción y consumo de insumos, bienes y servicios, se define un entramado productivo compuesto por eslabones que participan en cadenas de intercambios que van agregando valor desde el momento de la obtención de la materia prima hasta el producto final; e incluso más allá, dado que muchos residuos se pueden recuperar y reutilizar para generar nuevos productos.



Toda unidad productiva, organizaciones o autónomos, utiliza algún insumo en sus procesos de producción; desde los sectores manufactureros que producen bienes tangibles, pasando por los servicios que generan bienes intangibles, hasta las industrias culturales que promueven la difusión de ideas. Entonces si en todo proceso productivo se dan relaciones entre diferentes unidades, ¿qué aporte pueden hacer los profesionales de Relaciones Públicas al intervenir en los mismos?

Si pensamos los negocios a partir del modelo de gestión sustentable, toda actividad productiva se debe desarrollar sin condicionar las posibilidades de generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades. Lo cual reconoce un triple impacto económico, social y ambiental por parte de organizaciones e individuos en el entorno. Es decir, implica ser consientes de la influencia que se ejerce en todas las personas o grupo de personas con los que se puede tener relación como consecuencia de las operaciones.

Como sostiene Paul Capriotti (2013), los públicos se establecen a partir de las consecuencias de las acciones de la organización sobre las personas o de las personas sobre la organización. Y es a partir de intereses específicos que se conforman dichos vínculos. Por ende, reconocer el triple impacto de la organización en el entorno permite una mayor eficacia a la hora de gestionar los vínculos con los grupos de interés. Si bien existe una responsabilidad individual, hacer negocios en forma sustentable es también hacerlo con responsabilidad colectiva.

En palabras de François Vallaeys (2014), existe una coresponsabilidad por los impactos de la actividad colectiva humana. “Los impactos son resultados sistémicos estables y evolutivos devenidos de miles de pequeños actos de un sin número de agentes sociales que desconocen normalmente lo que contribuyen en fomentar, teniendo fines muy diferentes al impacto que generan juntos, en forma colectiva, pero no individualmente”. Vallaeys se refiere a una responsabilidad colectiva sobre problemas sistémicos que requiere de la cooperación y el diálogo entre todos las partes interesadas.

Pero para asumir un enfoque de cooperación primero es necesario abandonar el enfoque de competencia. Arnoldo Hax (2002) sostiene que para evitar el sesgo que genera la competencia, es necesario sacarla del centro del proceso de gestión. Propone como alternativa una concepción de empresa extendida que integra a los clientes, proveedores y otros actores complementarios para fortalecer la oferta. Lo novedoso de este modelo de negocio, denominado “Delta”, es que no se desarrolla para derrotar a los competidores, sino para establecer una relación con los clientes.

Partiendo de este enfoque, al evitar la rivalidad como base de la estrategia, las organizaciones se abren a la posibilidad alcanzar instancias de integración y cooperación. De esta manera, trabajando en forma asociada, los diferentes actores que participan de la cadena de valor pueden aumentar la productividad, generar innovación, mitigar los efectos sobre el medio ambiente y conseguir mejoras en la competitividad del sector, entre otros muchos aspectos.

Los asuntos productivos entonces, abarcan la gestión de las comunicaciones internas, las relaciones con proveedores y empresas colegas del sector en términos de producción, investigación y desarrollo, y los vínculos con clientes y consumidores a partir de las responsabilidades extendidas del productor sobre los residuos generados. Se trata de generar instancias de integración de mutuo beneficio más allá de los meros intercambios comerciales.

Como comunicadores profesionales, al intervenir en los procesos productivos implementamos los canales de comunicación y trabajo colaborativo que mejor se adapten a las necesidades y recursos de las organizaciones, producimos contenidos específicos, generamos mesas de trabajo y alianzas, entre otras actividades y estratégicas asociativas. Pero fundamentalmente influimos en la relación que establecen todas las partes para alcanzar mayor entendimiento, diálogo y las condiciones de trabajo productivo que permitan a la organización alcanzar sus objetivos y la sostenibilidad a largo plazo.


Bibliografía

HAX, Arnoldo y WILDE, Dean. (2002). The Delta Model. Toward a Unified Framework of Strategy. MIT Sloan Working Paper N° 4261-02. Disponible en: http://ssrn.com/abstract=344580 o http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.344580
CAPRIOTTI, Paul. (2013). Planificación estratégica de la imagen corporativa. Cap. 2 Los públicos de las organizaciones. Instituto de Investigación en Relaciones Públicas. Málaga.
VALLAEYS, Francois. (2014). Responsabilidad social y miseria de los moralistas. Disponible en: http://blog.pucp.edu.pe/item/185821/responsabilidad-social-y-miseria-de-los-moralistas


Por Lic. Martin Montes para Jóvenes PR News.

Fuente: CPRPRA Blog.


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